
Ana María Rivadeo. In memoriam
Samuel Arriarán
Ana María Rivadeo fue una importante filósofa marxista. Nació en Tucumán, Argentina, el 11 de abril de 1952. Participó desde muy joven en la política. Llegó a México en 1975 a los 22 años, escapando de la dictadura militar. Ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde continúo sus estudios de filosofía. En 1991 presentó su tesis de doctorado El marxismo y la cuestión nacional. Fue profesora de tiempo completo en la ENEP Acatlán en el estado de México, institución donde formó a varias generaciones de estudiantes.
Ana María Rivadeo falleció el 11 de junio de 2025. Aunque en Argentina la noticia parece haber pasado un tanto advertida, en México sí hubo varias reacciones como la del periódico La Jornada que publicó un excelente artículo firmado por Héctor Alejandro Quintanar y Jaime Ortega quienes destacaron su aporte filosófico.
Yo la conocí en el año de 1984 en el seminario de Adolfo Sánchez Vázquez. Durante más de veinte años colaboramos con nuestro Maestro y lo acompañamos. Ana María se destacaba en el seminario por su experiencia política, experiencia decisiva que ayudó a no quedarnos enmarañados en confusos laberintos teóricos. El hecho de venir de un país sudamericano altamente militarizado le permitía adentrarse en la reflexión filosófica pero sin caer nunca en la pura especulación conceptual. Cuando ella faltaba a alguna clase extrañábamos la guía de su palabra. Quizá por eso Sánchez Vázquez la consideraba como una de las principales bases de sus seminarios.
Además de estos seminarios, me encontraba con ella en los congresos de filosofía y en diversos eventos académicos y no académicos, como cuando los zapatistas llegaron a la ciudad de México. Esa llegada provocaba posiciones políticas encontradas pero la posición de Ana María no fue entonces el radicalismo sino más bien el diálogo para lograr la unidad de las fuerzas de izquierda.
Durante los intentos de privatización neoliberal de la UNAM (1986 y 1999), nos encontrábamos en las asambleas de la facultad en las cuales su opinión se hacía sentir por su aguda inteligencia. Decía que había que centrar los debates en el contexto de la preservación de la autonomía universitaria y de la necesidad de una transformación democrática de la sociedad. La universidad no es una isla sino un lugar donde se desarrolla la lucha por la hegemonía. La política se presenta aquí como una forma de relación entre gobernantes y gobernados. Y la política educativa alternativa se refiere entonces no sólo a la acción gubernamental sino también al conjunto de las acciones que surgen de la sociedad civil en busca de la transformación social.
Lo que ella intentaba era buscar siempre el diálogo y filosofar en función de la praxis y de los problemas políticos de la realidad de los países latinoamericanos. En ese sentido, son pertinentes algunas preguntas ¿para poder filosofar en función de la praxis y de la realidad latinoamericana es necesario tener un pensamiento político? ¿De qué naturaleza? ¿Existe en Ana María un pensamiento político alternativo? Yo creo que sí, efectivamente. Las principales obras suyas donde noto un desarrollo de ese pensamiento son las siguientes: El marxismo y la cuestión nacional (1991); Nación, democracia y socialismo (1996); Las contradicciones entre el carácter mundial y la forma nacional de la globalización neoliberal (2003); Globalización y cuestión nacional (2005); Lesa Patria. Nación y globalización (2007); Filosofía y política (2008); Democracia, globalización y violencia neoliberal (2008); Imperialismo, nación y democracia (2022).
Según ella había que rescatar del marxismo todo el bagaje de conocimientos y experiencias acerca del modo en que se intentaron llevar a cabo transformaciones radicales desde las clases populares. Es necesario replantear en América Latina la importancia de la lucha por la nación y no caer en recetas dogmáticas propias del viejo estalinismo. O sea que había que habría que revalorar aquella tradición de un marxismo latinoamericano que basaba su estrategia en una posición antiimperialista (marxismo que tiene sus más altos exponentes en luchadores como José Carlos Mariátegui y el Che). Esta estrategia está orientada por la prioridad de la lucha por la nación por encima de una concepción de una lucha de clases químicamente pura, entre burguesía y proletariado.
Ciertamente no faltarán lectores que podrían sorprenderse de que Ana María Rivadeo acentuara tanto la lucha por la nación, una entidad que muchos consideran obsoleta debido al proceso de la globalización. Pero como bien aclara Adolfo Sánchez Vázquez en el Prólogo a Lesa patria, uno de los últimos libros de Rivadeo: “lejos de desaparecer la nación (en su sentido moderno) sobrevive, dado que su existencia se hace necesaria, justamente para el desarrollo de la globalización” (pág.9).
Sí, existe entonces un pensamiento político alternativo en Ana María Rivadeo. Pero ¿cuáles son sus principales rasgos? No se trata de un pensamiento repetitivo sino creador ya que va incluso más allá de América Latina, abarcando a pueblos como Palestina que luchan por su liberación nacional. Es un pensamiento creador en la medida en que incluye a todos los países del sur global.
Uno los fundamentos del pensamiento político de Ana María Rivadeo está en la teoría de Gramsci sobre la lucha por la hegemonía, en parte porque la heterodoxia gramsciana se aplica bien a América Latina y a los países del sur global. Contra un tipo de estado capitalista imperial que se legitima por la doble vía de la fuerza y el consenso se puede construir una alternativa moderna de nación que se extienda a todos los terrenos de lucha, desde la economía, la política, la moral y la vida cultural. No hay que ignorar que el estado capitalista imperial es propio de un sistema hegemonizado por las empresas transnacionales de Estados Unidos.
Sin subestimar el marxismo clásico europeo, además de Lenin, Rosa Luxemburgo, Lukács, Ana María citaba a autores como Nicos Poulantzas y muchos otros autores heterodoxos. Otro rasgo que caracterizó el pensamiento político de Ana María Rivadeo fue su posición firme para defender los ideales de Marx. Cuando sobrevino el colapso del “socialismo real” en 1989, ella no tuvo dudas. Su pensamiento político, podía resistir manteniendo la validez de la utopía socialista (el socialismo ideal de Marx) frente al fracaso de “socialismo real”. Así insistió hasta el final de su vida en la necesidad una alternativa frente al inminente derrumbe del capitalismo..
¡HASTA SIEMPRE COMPAÑERA!










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